De sobremesa con Luis Ramiro y “el mundo por delante”

El próximo sábado 30 de abril llega Luis Ramiro a la sala madrileña de Joy Eslava con “El Mundo por delante”, su último disco, lleno de positivismo, buen humor y buenas letras.

¿Qué te lleva a elegir cómo título de tu último disco “El Mundo por Delante”?
Puse ese título porque tenía una canción que se llama “Miguelito y el mundo por delante”, en una edición especial que hice antes del disco, y le puse ese título. Las canciones en general son bastante positivas y tienen mucha energía. Me siento así, me siento de momento como que hay que mirar hacia delante y sonreír. E intentar conseguir todo lo que te propongas. Veía el disco como muy optimista y enérgico. Entonces no lo pensé mucho.

¿Qué tienes preparado al público del concierto del próximo sábado 30 de abril en Madrid?
Habrá invitados pero no se van a anunciar previamente. Será sorpresa. Aún estamos montando qué canciones podemos hacer, qué historias podemos contar…Para montar un poquito de espectáculo y que sea divertido.

Empezaste con 20 años en el mundo de la música. ¿No te había llamado antes la atención estar en ese mundo? ¿No habías tenido ocasión?
No, yo creo que no se había dado la oportunidad y fue un poco un cúmulo de casualidades. Me gustaba mucho la música y estaba todo el día grabando cintas. Me juntaba con un montón de grupos. Se dio la ocasión que dos amigos tocaban la guitarra y decidieron formar un grupo. Y les faltaba un bajista y un batería. A mí me cogieron como bajista. Ahorré, me compré un bajo y uno de ellos me enseñó a tocar. A partir de ahí, cuando empecé a tocar, vi que me empezó a gustar mucho y empecé a componer…Escribir sí que me vino con 15 años. Lo de la música a los 20, aunque ya era un friki de la música. Estaba todo el día hablando sobre música. Bien podría haber acabado siendo periodista musical en vez de músico. Pero bueno, por esa  casualidad he acabado siendo cantautor.

Alberto Pérez de La Mandrágora fue tu padrino, ¿cómo lo conociste? ¿Cómo llegaste a él?
Fue a través de un concurso, el que ganaba tocaba con él. Al final gané yo y tuve la oportunidad de tocar con él y conocerle. Además de conocer a otra mucha gente a la que he admirado. Con lo cual, a lo largo de muchos años, he ido conociendo a gente que me ha apoyado un poco.

Recientemente has conocido a Iván Ferreiro, ¿cómo vives la experiencia de cantar con alguien a quien has admirado tanto?
Muy bien porque habíamos estado cenando la noche anterior y es un tío majísimo. No tiene nada de ego y entonces fue muy fluido. Fue un concierto de un artista consagrado y un artista emergente, que era  yo, y bueno, la verdad es que he tenido la suerte de encontrarme con gente en mi camino. He cantado con Ismael Serrano, con Pedro Guerra, con gente a la que admiro o he admirado desde siempre. Y entonces llegar a cantar con ellos… o como cuando me produjo el disco Pancho Barona, Antonio García de Diego o José Romero.  La verdad es que es una sensación que al principio te choca mucho, te impacta, y es que es muy bonito. Te hace crecer mucho y cumplir ilusiones. Como cuando canté con Lichis, el de la Cabra Mecánica en el primer disco, igual. Decir que Lichis iba a cantar conmigo una canción mía en mi primer disco…

También fuiste telonero de Pablo Milanés…
Sí, en Toledo. Y fue una ilusión enorme que Pablo Milanés me dijera que le había gustado mucho. Con la gente con la que me he ido cruzando, gente a la que he admirado, siempre he tenido buen feeling y buenas relaciones. Sobre todo con Kepa Junquera, tuve la suerte de haberla conocido y de que me invitara a cantar con ella en su disco en euskera. Acabé cantando con Calamaro, con Miguel Bosé. Nos llevamos muy bien, nos escribimos. Estamos pendientes de colaborar juntos o allí en País Vasco o aquí en Madrid. Al final vas tocando por muchos sitios y vas conociendo gente, porque nadie llama a la puerta de tu casa  a conocerte. Esto es fruto de moverse mucho. Y eso que yo soy tímido…

Algunos artistas te habrán servido de mucha ayuda en tus comienzos…
Sí, hay gente que me ha ayudado mucho. Tontxu, Carlos Chaouen… Carlos me sacó en bastantes conciertos a cantar para que me conociera la gente, su público. Y, de hecho me llevó a la radio, a Cadena 100 por primera vez. Se ofreció incluso a pagarme un disco de su propio bolsillo, cosa que no sabe casi nadie. Carlos Chaouen es en especial el que creo que más me ha apoyado como un músico externo. Le debo mucho por eso. Y luego a todos los demás por haber cantado conmigo, pero a Carlos en especial por haber confiado en mí desde el principio.

 

También cuentas con el apoyo de Icíar Bollaín, que realizó el videoclip de “Romper”.
Sí, es una mujer increíble, un encanto… El abogado que me lleva las cosas le había llevado cosas a ella,  y entonces le contaron el proyecto y ella aceptó escuchar alguna canción, pidió que le mandáramos posibles canciones que se pudieran rodar. Aunque primero dijo: “A ver si va a ser un rollo de estos bailongos, no me asustes…”. Entonces le mandaron algunas canciones mías, y dijo que le habían gustado mucho. Justo en ese momento estaba entre una película y otra, justo antes de “También la Lluvia”. Sólo había hecho un videoclip antes, de Luz Casal en los 80. Y muy bien con ella, nos seguimos escribiendo de vez en cuando…Al principio llegué asustado, porque bueno (ostias), era ¡Icíar Bollaín! Pero bueno, luego ya ves que es encantadora. Te está contando su vida como si fuera uno más  en plan  “mañana tengo que ir a por los niños, mañana tengo que llevar los niños al cole y luego te llamo”. Una mujer totalmente en la tierra. Además, encantadora.

¿Has tenido ya la oportunidad de tocar en el extranjero? ¿O estás en ello?
No aún no he tocado porque tengo fobia a los aviones. Cojo por España, pero más allá no. Me han ofrecido ir a tocar a Latinoamérica y a México. De hecho, cuando me nominaron al Grammy Latino por el diseño de mi anterior disco no fui. Era en Las Vegas. Y joder, te nominan a un Grammy latino y no vas…Claro, la gente decía, “¿pero cómo no vas a ir? Sí que vas a ir”.  Pero, no, no pude ir.

La verdad es que hay mucho público en Argentina, Chile, en Venezuela, Brasil… Me escriben mucho desde Mexico y EEUU. Es lo que tiene, que con internet al final te conocen y de hecho, allí la gente piensa que yo aquí soy super famoso. Y es muy gracioso. Porque te escriben como diciendo: Claro, allá que eres muy famoso, que te produjeron los de Sabina… Y se piensan que soy muy famoso y luego yo les digo que no, que aquí no me conoce ni dios. Pero vamos, el problema principalmente lo tengo con los aviones.

Aparte de la música, ¿qué otras aficiones tienes?
Como todo el mundo, el cine, el teatro, leer… No tengo ningún hobby extraño. Tampoco hago escalada. Ahora estoy leyendo el último libro de Murakami. Hace días me leí “Guerra y Paz” de Tolstoi…Mi libro preferido es el Quijote. Pero también hay otros escritores de cabecera que me gustan mucho: la literatura rusa, la estadounidense de los años 40, años 30… Luego de películas, como directores preferidos podría decir, Woody Allen. También casi todo lo que ha hecho Polansky me ha gustado mucho. De directores de aquí, por ejemplo, me gusta mucho Julio Medem. Me gusta mucho Almodovar…un poco de todo…Habitación en Roma me encantó. 

 Por Paula Gab y Alba Cantón. Fotos de Alba Cantón.

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Una excursión al paraíso de Chinato

Manuel Muñoz Sánchez se define como hijo de Venus (por las mujeres) y de Baco (por el vino). Manolillo viene por parte de su padre, y Chinato es el gentilicio de Malpartida de Plasencia, que adoptó de su abuelo, al que llamaban así por lucir el sobrero típico de esa localidad.

Manolo es poeta, tabernero, ganadero, padre y esposo, pero sobre todo, es LIBRE. Se conocen sus versos a partir de que grupos como Extremoduro, sobre todo, o Platero y Tú pusieran música a sus poemas. De esta amistad con Roberto Iniesta y Fito Cabrales surgió el disco “Extrechinato y Tú”, además de otras tantas colaboraciones con ellos y otros muchos grupos. A partir de entonces, comenzaron a surgir más admiradores de su literatura, y fue entonces cuando se planteó publicar un libro de poesías: “Amor, rebeldía, libertad y sangre”.

Para encontrar a Manolo Chinato, solo hace falta acercarse a Puerto de Béjar y entrar en el Chinato’s Bar, o bien buscar en algún rinconcito de las montañas que rodean esta localidad salmantina. Créanme, merece la pena acercarse allí para respirar el aire puro de la zona, o para disfrutar de una buena ración de callos en el Bar. 

Nada más llegar a la plaza, una puerta pintada de negro con una gran estrella roja anuncia el camino para llegar al Chinato’s. Este rincón del Puerto de Béjar es el centro en el que jóvenes, y no tan jóvenes, se reúnen para ver el partido, jugar a las cartas o simplemente disfrutar de una agradable charla o de los versos de Manolo al calor de la chimenea.

Manolo se considera salmantino-cacereño “porque no acepto ninguna frontera que me impongan; mis fronteras las elijo yo”. Se siente más extremeño que castellano. “Mi madre era extremeña, y mi corazón también lo es, por eso tira más hacia el sur”.

Ha conseguido lo que muy pocos: vivir totalmente en consonancia con sus ideales. “Tengo el dinero que necesito para vivir. Nosotros, en nuestra maldita sociedad tenemos que estar trabajando toda la vida como hijos de puta para comer, pero también para comprar cosas que no necesitamos. Estoy hasta los cojones de vivir en esta sociedad”. Sin embargo, se reconoce un enamorado de las montañas. “Yo no creo en Dios, creo en la Naturaleza”, se sincera Manolo “los animales son más libres que nosotros. Lo imprescindible para vivir, es comer, y ellos lo tienen”, y afirma que si tuviera que irse a vivir a otro lugar “intentaría quedarme”.

Manolo recuerda su época en la escuela. “Iba a un colegio de curas, y recuerdo que me gustaban los poemas que venían en los libros, y me quedaba con ellos.” De ahí surgió su pasión por la lírica del Marqués de Santillana, Jorge Manrique, Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez. “Las poesías no son de quien las escribe, sino de quien las lee y, sobre todo, de quien las necesita”.

“La Poesía llegó a mí sin buscarla”, explica Chinato “Empecé a escribir cuando me empezaron a gustar las mujeres. Por amor. Pero sobre todo, escribo cuando me dejan”. No lo hace para darse a conocer ni para que después se canten sus versos, sino que “escribo para entrar en contacto conmigo mismo… o para no dejar de estarlo. Escribo cuando siento la necesidad de escribir. Me evado en mi soledad”. Además, asegura que gracias a ello, ha llegado a conocerse mucho mejor: “Para mí lo más importante soy yo. Me ha costado muchas reflexiones saber cómo soy y lo que quiero. Lo más importante que hay en esta vida, es saber quién eres”.


Entró en contacto con la música a través de Extremoduro. Después de un concierto, Roberto Iniesta escuchó a Manolo recitar unos versos. A partir de ese momento, surgió una gran amistad que aún perdura. “Yo escribía para mí, sólo para mí, porque lo necesitaba. Después, Robe se apoyo en mis poesías para hacer algunas de sus canciones”.

Y es que, para quien no lo sepa,  Extremoduro, Platero y Tú, y ahora Fito & Fitipaldis, Marea, y hasta casi una treintena de grupos han contado con Manolillo para componer sus canciones o para que recitase unos versos encima del escenario. “Me atreví a hacer ‘Extrechinato y Tú’, después me atreví a editar un libro. Nunca tuve la intención de publicar nada, pero después del disco, la gente siguió pidiendo más. Entonces medité si me atrevería a mostrar mi intimidad. A mí no me importa enseñar mi corazón. Me alegro de haber tomado esta decisión, porque además, lo único que he recibido por parte de la gente, ha sido cariño a borbotones”.

A pesar de ello, nadie es profeta en su tierra, y Manolo comenta que sus vecinos se tomaron “mal” el hecho de que se le empezara a reconocer como artista. “Cuando publiqué ‘Amor, rebeldía, libertad y sangre’ regalé una copia a cada uno, pero estoy convencido de que, a día de hoy, hay quien todavía no lo ha abierto”.

Reconoce haber sido un “golfo” en su juventud, y un “deshecho social”, en el sentido en el que no siente encajar en la sociedad. “Ahora tengo una mujer que me quiere con locura y que cocina de puta madre”. Pero afirma que, a pesar de ella y de su hija, sigue manteniendo su esencia intacta. “Me he adaptado, porque merece la pena. ¡Pero a mí no me cambia la vida ni Dios! Que sé muy bien quién soy y quién quiero ser”.

Cuenta que una vez, de visita en un instituto, los chavales le preguntaron que qué le hubiera gustado ser cuando era niño, y, después de pensarlo, les contestó “La verdad es que nunca he querido ser nada, nunca que querido una profesión… Siempre he querido ser libre”. De hecho, no considera que su profesión sea poeta (aunque lleva ya siete ediciones de su primer libro), ni tabernero (a pesar de que, junto a su mujer, regenta el “Chinato’s Bar”), ni carnicero (profesión que desempeñó durante veinte años junto a su padre), ni siquiera ganadero (labor a la que siempre se ha dedicado).

¡Manolo! Has conseguido vivir cómo quieres”, le espeta un amigo mientras charla con nosotros. “Casi”, le responde Chinato, “Me falta poco, pero aún me queda un cachino”, y ríe. Él es feliz tal y como es y como se muestra. “Nunca he tenido la ilusión de ser otro. Me gusta ser como soy”.

Cae la noche y llega la hora de marcharse de este mágico lugar. Chinato nos invita a volver pronto, y se despide diciendo “Espero que, por lo menos, os vayáis de aquí con un poquito más de libertad”.

Por Nani Ramirez. Fotografías de José Antonio Huertas.