Para comenzar la semana entrevistamos al primer español en coronar la cumbre de ¡¡un ochomil!!

Jerónimo López Martínez es el primer español en coronar la cumbre de un ochomil. Ha realizado numerosos e importantes trabajos científicos, la inmensa mayoría sobre la Antártida. Actualmente, complementa la docencia con el cargo de presidente del Comité Científico para la Investigación de la Antártida (SCAR), institución que recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación.

Viendo su trayectoria ¿Tenía claro a qué dedicarse desde un principio?
Lo que tenía claro cuando estudié es que me interesaba la Tierra, los procesos que en ella ocurren, la Geodinámica, que son los procesos que erosionan la superficie de la Tierra. Todo ese campo era lo que a mi me gustaba. Y claro, uno nunca tiene nada claro del todo. Las circunstancias nos van llevando. Pero sí sabía que me gustaba la Geología, el trabajo en la naturaleza, el comprender cómo ocurren las cosas en nuestro planeta. Siempre me han gustado las montañas. Eso sí, la Antártida, cuando yo estudiaba, no era accesible. No había un programa español en la Antártida.


¿Cómo llegas a interesarte por la Antártida? En esos años debía de sonar a locura…

No, a locura no, pero había muy poca información en España y no había posibilidades de ir. Nuestro país empezó a tener infraestructuras ahí en 1988, y yo estudié la carrera antes de esa fecha. Entonces, no había un programa al que presentarse, un proyecto de investigación…A partir de 1988 en nuestro país hubo ya un plan de investigación en la Antártida dentro del Plan Nacional I+D. Entonces, los investigadores de universidades, de organismos públicos de investigación podemos presentarnos a convocatorias donde son evaluados nuestros proyectos (…)Al estar uno involucrado en proyectos de investigación, que en la Antártida se dan en diversos campos – el de la Geología, pero también en la Biología, en la Física de la Atmósfera, en la Glaciología-, hay una información interesantísima que sólo se puede encontrar trabajando allí. Si enganchas con esos intereses es un escenario magnífico por todo. El paisaje, la naturaleza, los pingüinos, todo es magnífico en la Antártida.

Empezó sus expediciones en la Antártida en 1989, pero antes ya había alcanzado picos como la cumbre del Manaslu, la octava más alta del mundo, en concreto el 26 de abril de 1975. ¿Ésta fue su primera gran ascensión?
No, normalmente la gente que sube montañas difíciles, antes ya ha subido muchas otras. Antes había estado en otras expediciones en Alaska y también varias veces en los Alpes, además de en España. Pero sí era la más alta que había subido hasta entonces. Luego he subido otras todavía más altas.

¿Cómo fue la ascensión, no tanto desde el aspecto técnico, sino más bien sociológico, de una montaña de un ochomil?
Todas las experiencias son muy interesantes, y el montañismo tiene tantas facetas que uno puede adaptarlo a sus cualidades físicas, al tiempo que tenga, a sus gustos…Es una gran ventaja, y todas las montañas tienen interés. Se tienen vivencias que no se consiguen tan fácilmente en la vida normal, con los vehículos de aquí para allá. Para mi, una parte siempre interesantísima que he hecho en mis expediciones han sido las marchas de aproximación. Al igual que la preparación: yo siempre he disfrutado preparando esos proyectos junto con amigos, documentándonos… Una vez que estás en la marcha por un valle – en el Himalaya son 15 días caminando – cada día descubres collados, pueblos, monasterios budistas en el caso de Nepal… Eso ,aunque distinto y a una escala más pequeña, también pasa en Sudamérica, en los Andes. Es interesantísimo y enriquecedor. Se pasa por lugares magníficos. Además sirve para entrenar.

El Himalaya ha sido el escenario de muchas de sus expediciones. ¿Se ha sentido alguna vez atraído por las culturas místicas de la zona?
Sí, me siento atraído por la cultura y todas estas cuestiones orientales. No es sólo el budismo y lamaísmo – hay gente de una religión y la otra, y se llevan muy bien, rezan incluso los unos en los templos de los otros-. En cambio en Pakistán, o Afganistán, tienen otras costumbres. Todo eso hace que las sociedades sean muy distintas y uno lo percibe muy bien cuando va de expedición. Tampoco hay que olvidar los porteadores que se encargan de transportar el material. Eso supone una o dos semanas conviviendo con ellos, viendo cómo hacen su comida, cómo hablan, cómo cantan, su forma se ser…

Después vinieron las ascensiones en la Antártida, seis en total en esta zona. ¿Tuvo alguna preparación física y/o mental especial?
La Antártida es otra cosa. Siempre que he ido ahí ha sido al estilo científico, lo cual no quita que ,como soy geólogo y las rocas están donde están, tenga que acampar en alguna península remota. Tenemos subido el Monte Vinson, pero sin buscar dificultades técnicas. No se tiene la autonomía de los Andes o del Himalaya, donde uno llega a la ciudad, alquila un vehículo, unos yaks, y unos porteadores, y empieza a andar. En la Antártida no se puede hacer así. Se depende muchísimo de la logística. Necesita barcos, aviones que te lleven, que te traigan; barcas para desembarcar; combustible para fundir el hielo, pues en muchos sitios no hay agua líquida.

¿Alguna vez ha temido por su vida?
He estado en situaciones peligrosas y duras, pero tanto como temer por mi vida, no. Afortunadamente, no. Sí he estado en expediciones donde gente ha fallecido. Las situaciones de mayor riesgo aparecen con las avalanchas, o las caídas.

¿Ha pensado alguna vez en rodar material fílmico para un documental?
Sí, lo he hecho. He participado en media docena de películas. Incluso de alguna de ellas hemos hecho los guiones. He trabajado de cámara, he filmado algunas cumbres, y también he sido director. Los documentales forman parte de la financiación al emitirse por televisión. Por ejemplo, una vez TVE nos dio el dinero justo para rodar el material cuando fuimos al Everest. Era el momento en que hacía poco lo habían abierto a los extranjeros. Hicimos tres películas de media hora: la primera, sobre el Tíbet y sus costumbres; la segunda, sobre Geología, en concreto sobre la formación del Everest, la zona con las montañas más altas del mundo. Ahí se encuentra la sutura del indo, el choque de la India con el resto de Eurasia, es decir, tenía un valor importante para nosotros. La última fue la ascensión a la montaña, al propio Everest. Luego, durante diez años, lo han estado echando.

Por Elena Alonso, estudiante de periodismo en la UCM.

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