Crítica de “La bendición de la tierra”

En 1921 se estrenó por primera vez La Bendición de la Tierra. Tras décadas en las que buena parte del metraje se encontraba en paradero desconocido (aún hoy hay fragmentos que se creen irrecuperables), noventa años después, el colosal film de Gunnar Sommerfeldt  vuelve a proyectarse en una gran pantalla.

Adaptado de la novela homónima del noruego Knut Hamsun (que le supuso un premio Nobel), la película es una oda al individuo, al esfuerzo personal, a la relación del hombre con el medio que le rodea y, en general, a la vida en sí misma. En una hora y media da tiempo a mostrar toda la condición humana: el principio y fin de la vida, la bondad y la maldad, la venganza, la generosidad, la envidia…

Sin efectos especiales ni conversaciones profundas se plasma todo lo que subyace de la naturaleza del hombre: un campesino que convierte un páramo en una tierra fértil, llena de vida en todos los sentidos. Un ejemplo del comportamiento del ser humano en su estado más puro.

Aunque ya ha pasado casi un siglo desde que esta narración viera la luz, todo lo que muestra es extrapolable a la actualidad, ya que enseña la importancia y significado de la soledad, del individuo, del carácter y de todos los estadios que puede abarcar el hombre.

Por Roberto García Vega.

Ficha Técnica

Dirección: Gunnar Sommerfeldt
Intérpretes: Amund Rydland, Karen Poulsen, Ragna Wettergreen, Gunnar Sommerfeldt
Nacionalidad: Noruega
Año: 1921
Duración: 89 minutos

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