Drácula, un vampiro en la sala

Mina, la hija del Doctor Seward, tiene pesadillas con un horrendo ser de ojos rojos y con lobos y murciélagos. Su amiga del alma, Lucy, hija, a su vez del amigo de su padre, el Profesor Van Helsing, ha muerto en extrañas circunstancias. Mina está enferma, es una enfermedad desconocida, necesita sangre. Van Helsing llega al sanatorio psiquiátrico del Doctor Seward dispuesto a enterrar a su hija y salvar a Mina.

César Sánchez, Emilio Gutiérrez Caba, María Ruiz y Martiño Rivas en el salón del sanatorio / Fotos facilitadas por Ángel Galán.

La representación de lo oculto y el mundo de los espectros ha estado siempre presente en el arte, la literatura, el teatro y el cine. En los últimos años, esta fascinación parece haberse incrementado de tal manera que la inclusión del género teatral gótico y de terror está teniendo cada vez mayor auge, convirtiéndose en un caldo de cultivo ideal para volver a los clásicos o presentar nuevas producciones.

Dirigida por Eduardo Bazo y Jorge de Juan (‘La mujer de negro’), la historia nos sitúa en la casa del Doctor Seward en plena Inglaterra del siglo XIX. Gracias a la escenógrafa Carmen Castañón, el público intuye perfectamente las diferentes estancias del sanatorio aunque, debido a las características del propio escenario, también se perciben algunos cambios escenográficos que arrancan por unos instantes al público de la lúgubre historia de la que es testigo.

Uno de los reclamos más interesantes de la obra es la posibilidad de poder volver a ver a Ramón Langa encima de las tablas. En la oscuridad del escenario, aún se evoca al actor al que prestara su voz durante tantos años. Sin embargo, en el momento que aparece en escena vemos a un Conde más cortés, solícito y gallardo de lo que recordásemos de la novela original de Bram Stoker. Junto a él, Emilio Gutiérrez Caba, César Sánchez, Martiño Rivas, María Ruiz, Amparo Climent y Mario Zorrilla dan vida a los diferentes personajes que forman parte de este cuento sobrenatural en el que tratan de acabar con la compulsión que la pequeña Mina siente hacia el vampiro.

La obra cuenta con una gran afluencia de público atraído no sólo por el gusto por esta tipología de personaje sino más bien por una puesta en escena que introduce al público en una inquietante atmósfera gracias a pequeñas ilusiones y sutiles efectos especiales no apta para aquellas personas sensibles a estruendos o sobresaltos.

Drácula se representa en el Teatro Marquina de Madrid desde el pasado viernes 13 de enero.

Por Lara Padilla.

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